Reflexión sobre cómo las antiguas casonas de la ciudad están siendo demolidas para transformarse en altos y reducidos edificios, que asfixian y convierten al hombre y a su memoria en simples sombras que se diluyen en el concreto.
La televisión nos inunda con su imparable descarga de imágenes (noticias, deportes, sexo, entretenimiento, guerras, palabras, tragedias, comedias, etc), ¿Alcanzamos a ver y oír todo lo que pasa por nuestros ojos y oídos? ¿Hay algo más tras los gestos, las palabras, los sonidos, los colores, los destellos de la imagen? ¿Estamos tan acostumbrados a ver sin percibir lo que nos quieren decir u obligar a ver? Rapidez se acerca a este vértigo visual y sonoro para tratar de detenernos en lo violentas que pueden ser las imágenes televisivas, ¿qué tanto revelan?, ¿qué tanto esconden?, ¿qué tanto vemos?
Un hombre discretamente se encierra en un baño público, con una revista en mano se dispersa en un mundo de placeres, creando un espiatorio en un universo que parece no ser tan secreto.
Un hombre regresa al lugar donde veinte años atrás una avalancha lo separó de su hijo. Los muertos no descansan: crecen y clasifican sus rastros. Y quien regresa, nunca se ha marchado.
Un experimento sin créditos, igual que la vida, presenta al espectador una experiencia de viaje a través del tiempo y del espacio. A partir de una sucesión de fotografías se muestran diversas realidades, las que acontecen al atardecer y al llegar la noche, en espacio íntimos, en interiores, en contraste con las que suceden de día, en el exterior, en los no-lugares (un avión, una cabina telefónica, un recuerdo –el presente de pasado pasa(n)do-, un juego de luz, un ojo). Los hilos conductores del relato o de los diversos relatos que componen este experimento audiovisual son la música y los sonidos: un reloj de cucú, una cajita de música, un teléfono que se disca desde un punto del espacio y que viaja a través de paisajes inimaginados hasta que suena en el otro lado del mundo, una cámara que intenta captar los instantes para luego poder compartirlos. Sincronía es una metáfora que habla sobre la cercanía en la distancia, sobre las formas en que habitamos las vidas y los tiempos con nuestros seres amados.