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Las damas trabajan, cavan, graban, calcan… y cantan. La dama blanca calca la farsa al trazar falsas marcas. La dama callada trabaja la casa, arma llamada, cava, halla la trama. La dama macabra graba plan, arma parranda, gana. La dama apagada al cantar saca al alba las trampas. La palabra clara…para la marcha… mañana nada habrá…acá.
Funciona como trabalenguas, como trailer, como explicación, sinopsis, resumen o epilogo, y es además la canción que faltando pocos minutos para que se termine Todos Mienten, congrega a sus protagonistas en el patio la casa quinta donde han convivido por siete días, para que asuman junto al espectador lo que todos sabían pero por alguna razón se resistían a aceptar: ninguna de la alianzas, tratos, promesas y besos que se produjeron durante los días anteriores fueron honestos y la única que siempre supo toda la verdad fue Helena, quién era además, la persona que más mentía. Ella los congregó para separarlos definitivamente y es ella quien consigue llevar al espectador hasta el final de la película, más allá de la críptica manera en que nos enseña sus motivaciones...o mejor decir, la descarada forma en que nos las oculta.
En palabras de Piñeiro, Helena es una mujer con delirio épico que quiere probar la sangre. Quiere probar que es la tataranieta del prócer argentino Domingo Faustino Sarmiento, cuya obra literaria apasiona al director y conduce varias escenas al ser leída en voz alta por la supuesta tataranieta, quien de esta manera parece conducir la trama. Digo “parece” porque si bien queda claro que ella nos lidera, no tenemos idea hacia dónde.
Matías Piñero.
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