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El cielo de Alessandro Basile |
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Escrito por Antonio Romero
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Página 1 de 2 Una historia fallida de la Otra Cartagena
‘Cartagena huele a mierda’ es la primera frase de la película El cielo de Alessandro Basile, un filme que intenta expresar una mirada de la ciudad más allá de las recurrentes imágenes de postal. Fue estrenada en 2007 cuando inauguró el Festival Internacional de Cine de Cartagena y su estreno comercial fue este año a través de la Red de Salas Alternas.
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La historia de El cielo es la historia de una mujer llamada Gabriela Ochún, quien sufre una enfermedad terminal y espera ser curada con marihuana por un ex sacerdote italiano, quien es su ex amante. Gabriela es hija de un candidato a la alcaldía de la ciudad que oculta a su hija enferma, quien sería el primer alcalde negro de Cartagena y está casado con una mujer de la élite local.
El cielo es una buena idea e incluso intenta hacer una crítica a una ciudad y a una élite racista y excluyente, muchos la han criticado por su bajo nivel técnico y otros atribuyen su marginalidad al tema que aborda. Pero lo cierto es que los problemas de la película comienzan desde su propia historia.
Basile pretende mostrar la Otra Cartagena pero no puede llegar más allá del viejo arrabal mulato de Getsemaní, pretende reivindicar a la población negra de la ciudad pero termina haciendo una caricatura del político negro que aspira a la Alcaldía, pretende criticar a la élite pero esa aristocracia nunca aparece en el filme y pretende cuestionar la visión turística que se tiene de la ciudad pero nunca logra hilvanar la pareja de cachacos perdidos en su tour con las demás historias.
En El cielo nunca aparece un barrio obrero o popular y nunca aparece un personaje mulato que esté por fuera de las estigmatizaciones que juegue un papel en la historia. Y en cuanto a su pretendida irreverencia frente al consumo de marihuana sucede que desde hace mucho tiempo el tema de la droga dejó de escandalizar y mucho menos el tema de una iglesia cuyos escándalos por abuso de menores supera con creces cualquier tabaco que se fume un ex sacerdote. Así, ni la historia ni los personajes se vuelven creíbles.
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