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De cada actor más que captar la esencia de la persona, prefiero absorber el montón de interferencias que lo copan, que lo interrogan, sacuden y derrumban como a todo ser humano, infinitamente frágil y cambiante. Nuestros actores sobrellevan formaletas que los hacen esclavos de no vivir la escena desde la primera acción hasta la última en una película, así obedezcan a los directores en su intención esnobista de mostrar varios perfiles a través del tiempo, el espacio y las acciones. El artificio es su tuétano, y por eso llegan desprovistos a la escena de “las dos cualidades más importantes que debe poseer todo actor: la inteligencia y la imaginación”; características estas que se nutren de la reacción sincera y sentida ante hechos espontáneos o milimétricamente preparados. (M, A. 2008)
Por la dignidad del arte es preciso ahondar en la prueba, el resbalón y el conflicto a la hora de tratar construir una dimensión completa en el cine desde el trabajo con el actor, un individuo al que se le debe reconocer su carisma y sacrificio, y al que no siempre se le debe echar la culpa del fracaso como al arquero en el fútbol, porque el problema de la actuación muchas veces nace en las decisiones erróneas del director, ya que, la tarea de dirigir actores es tal vez la más difícil de todas las labores y disciplinas que al interior de una película se debe dominar. El actor se debe sentir sujeto al director, no tiranizado, sino más bien cómplice de sus acciones y determinaciones, ejecutador de sus ensoñaciones. Lo otro es lo otro, o sea, nadie le quita a nuestros protagonistas de novela el que sean buenas personas, muy trabajadoras, amables con los medios de comunicación, excelentes a la hora de respirar y proyectar la voz ante el público.

La Virgen de los sicarios. (2000)
Uso y/o abuso del actor natural en Colombia.
En nuestro medio existe en la actualidad un creciente uso del actor natural en producciones cinematográficas locales. Más que por los altos costos que sugiere el trabajar con estrellas del cine y la TV., los directores y realizadores independientes de cine en Colombia plantean otros motivos para “salvaguardarse” de trabajar con actores profesionales. La principal causa parece ser el cansancio que estos personajes de la TV y el medio teatral local le transmiten a los realizadores, con sus muy comunes representaciones acartonadas y estereotipadas, por medio de las cuales tratan de resolver las escenas, de aquello que en sus obras debe parecerse a la vida y termina siendo un remedo de ejercicios académicos. Algunas hipótesis señalan que esta crisis nace de la mala preparación que hacen las escuelas y universidades locales de los actores. Yo más bien pienso, que sin señalar a nadie como culpable, puedo libremente decir que el pobre resultado actoral en los largometrajes nacionales radica en las improvisadas maneras con que directores, productores y realizadores ponen en escena sus historias.
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