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Televisión Infantil Posible |
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Escrito por Camilo Calderón Acero
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Página 1 de 10 Reflexiones en torno a un público gigante
La audiencia infantil aunque importante para las empresas productoras ha sido generalmente subestimada a la hora de programar. La poca innovación y repetición de formatos hacen difícil la permanencia de nuevas propuestas. No obstante, en este panorama de la televisión pensada para ellos, surgen propuestas alejadas de la oferta tradicional.
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Beto y Enrique después de mucho discutir lograron hornear unas galletas para celebrar la ocasión. Cuando se dirigían al evento un monstruo apasionado por ellas se las llevó, mientras la rana René intentaba evitarlo. Antes, Abelardo había recogido a Elmo para llegar a la fiesta donde el Conde Contar deletreaba: Feliz 40 Aniversario Plaza Sésamo. Desde hace cuatro décadas estas peludas marionetas llegaron a la televisión para revolucionar la televisión infantil y educativa. El éxito mundial de esta fórmula que se aleja de las propuestas tradicionales ofrecidas al público infantil contrasta con la reducida variedad ofrecida en el país para esta población.
Cuando se piensa en los programas dirigidos al público infantil es muy fácil referirse a series o dibujos animados de origen extranjero. Igualmente, se liga a este público con los programas educativos debido al rango de edad en el que se encuentran y conforme a las necesidades que se supone debieran suplirse para este tipo de población. Sin embargo, en la planeación de contenidos para estas audiencias ha sido común que justamente los niños no sean los más consultados acerca de los intereses y expectativas de lo que quieren ver en la pantalla. Asi, una televisión pensada y dirigida a la niñez llega a competir con opciones más llamativas desde el punto de vista del mercado y que no suelen estar dirigidas a ellos.
Es claro que la población infantil no fue desde un principio contemplada en las parrillas de programación y solo con la promulgación de leyes internacionales que protegían sus derechos en genera, se empezó a pensar en ellos como espectadores. De manera concreta sus derechos fueron legitimados internacionalmente en 1989 con la Convención de los Derechos del Niño. En el articulo 17, esta declaración señala que los Estados deben “incentivar a los órganos de comunicación social a difundir información y documentos que sean de utilidad social y cultural para los niños”.
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