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Cinematografía del Caribe colombiano |
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Escrito por Antonio Romero
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Página 1 de 13 Cuando la identidad está más allá de las fronteras
El siguiente texto recorre algunos hitos del cine en el Caribe colombiano, se concentra en los largometrajes de ficción producidos en la región y analiza los escenarios posibles para el futuro del audiovisual en este espacio geográfico y cultural cuya pertenencia a la Nación colombiana es menos evidente que sus raíces comunes con otros pueblos del Caribe.

A finales del año pasado, el crítico Oswaldo Osorio publicaba en la edición número 83 de la revista Kinetoscopio un comentario acerca de El ángel del acordeón, de María Camila Lizarazo titulado ¿Dónde está el cine costeño? En este texto escribe Osorio: “Con buena parte de la filmografía nacional y los directores ‘bogotanizados’, son el cine caleño, antioqueño y costeño los que han acentuado un color local y la complejidad que tiene el país. Aún así, el cine costeño sigue siendo más de intensiones y promesas, muy a pesar de la riqueza cultural y narrativa, y de las posibilidades visuales con que cuenta”.
La apreciación de Osorio tiene, en principio, dos errores: el primero es considerar El ángel del acordeón como una película ‘costeña’ y el segundo es reiterar la visión del Caribe que desde los Andes se ha construido. Incluso Osorio cita el libro La ciudad visible, una Bogotá imaginada, de Diego Cortés Zabala, cuando arremete contra el influjo cultural del Caribe Colombiano en el país y contra sus películas: “Nada más serio que el único filme de Pacho Bottía, La boda del acordeonista, hermosa cinta, pero distante y monótona, como si se tratara de un Caribe nórdico. Y mucho menos hilarante puede ser el intento totalmente fallido de Ernesto McCausland y su particular versión de Drácula en El último carnaval, desperdiciada por culpa de la incapacidad de su realizador”.
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